D. Méndez, jefe del Congreso: Tiene la palabra el Diputado Arsuaga.
P. Arsuaga, diputado: ¡Silencio total! Gracias. Por la presente, expongo que cuando en el curso de los acontecimientos se hace clara una necesidad del pueblo y por el pueblo, no se requiere para nada el caos. Así que, en esa misma línea, los partidos anarquistas no tienen futuro ninguno. Por tanto, los cerdos voladores, continúo, deben ser retirados del espacio aéreo nacional, pues manchan el orgullo y la dignidad de los españoles, y por tanto de la unidad y separación de España por igual y por desigual. Así, cuando digo que la política es demasiado seria para tomársela en serio, prosigo, hablo muy en serio. En conclusión, se puede considerar que, dejando a un lado el asunto del cultivo de las remolachas borriqueras, que queda aceptado, los chatos y los narigudos, para terminar, deberán tener los mismos derechos ante el máximo representante de la ley y el orden en este magnífico país que es España, y que la conserva libre de delincuencia y demás demagogias antidemocráticas, y repito antidemocráticas, que causan la vergüenza de todo español decente. Me estoy refiriendo al soberbio edificio, y sus componentes interiores, del Tribunal de las Narices. No obstante, dada la casualidad de que los movimientos antidemocráticos se adueñen del país, finalizo, el último gobernante de España en instancia, para gobernar el país frente a la rebeldía de los terroristas que pretenden acabar con el país, debería ser nuestro bienamado y/o malamado Rey Don Juan Carlos Primero, Rey de las Infinitas Españas. ¡Y dicho, esto, no tengo más que añadir!.
*Nota en confianza: Creo que será obvio que nunca ha existido ni el señor G. Méndez ni P. Arsuaga, ni este discurso ha existido de verdad. Pero no es una gracieta como la de Gödel de "Esta frase no existe", no, sino que es un discurso completamente ficticio.
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